La tecnología HIFU usa un rayo de ultrasonidos convergente
de alta intensidad, generado por un transductor de gran potencia
para producir calor. Gracias a los HIFU, el cirujano puede
necrosar el tejido prostático sin intervención
dañina en el tejido circundante, lo que evita incisiones,
transfusiones, anestesias generales y sus complicaciones.