El desarrollo de los transductores de ultrasonidos empezó con
los trabajos de P. Langevin, quien usó, en el Siglo XX,
las propiedades piezoeléctricas del cristal de cuarzo para
construir el primer sonar submarino.
En los 50, los hermanos Fry - Francis y William – imaginaron
la primera aplicación médica de las ondas ultrasónicas.
Sus primeros trabajos estaban relacionados con el tratamiento
externo en el cuerpo de desórdenes neurológicos
- Enfermedad de Parkinson. Usando un juego de transductores
de ultrasonidos que dirigieron al área a tratar, se
dieron cuenta de la aparición de diminutas lesiones
biológicas localizadas profundamente dentro de la
corteza cerebral. Sin embargo, la falta de un dispositivo
de visualización con suficiente rendimiento y precisión
detuvo el desarrollo de este tipo de terapias.
En los 80, Lizzi, con una tecnología más avanzada,
diseñó un dispositivo para el tratamiento del glaucoma
y tumores intraoculares. Esta propuesta fue rápidamente
reemplazada por el láser.
A finales de los 80, el INSERM – Instituto Nacional Francés
de la Salud y de la Investigación Médica – los
Hospitales de Lyon y Edaptechnomed, se comprometieron en un programa
de investigación sobre la interacción de los Ultrasonidos
Focalizados de Alta Intensidad sobre los tejidos. El propósito
principal de su trabajo era el desarrollo de aplicaciones para
tratar los tumores malignos: Nació el prototipo del Ablatherm.