La supervivencia de los pacientes con cáncer
de próstata depende de una serie de factores. Uno de los
más importantes es el diagnóstico precoz. Uno de
los primeros indicadores de que un hombre pueda tener cáncer
de próstata es la dificultad de orinar.
El aumento de la próstata causa síntomas urinarios
que llevan al paciente a ver al urólogo. Durante la primera
visita al urólogo, se realiza la historia clínica
mediante una entrevista y un tacto rectal, para evaluar el tamaño,
textura y uniformidad de la glándula prostática.
Se realiza un análisis sanguíneo para comprobar el
Antígeno Específico de la Próstata el (PSA).
Este test permite detectar enfermedades prostáticas.
Si el urólogo tiene sospechas de cáncer
de próstata, éste podrá elegir uno o todos
estos procedimientos, para confirmar las sospechas:
Biopsia:
Se obtienen muestras de tejido prostático usando una
aguja fina, generalmente se analizan de 6 a 12 tomas.
RM o Escáner:
Se toma una imagen de las partes del cuerpo, para detectar
si existe alguna extensión del cáncer a otros órganos
(ganglios linfáticos, hígado, etc.)
Rastreo óseo:
Toma de imágenes tras una inyección. Normalmente
se hace para descartar metástasis ósea.
El diagnóstico precoz y el tratamiento pueden
garantizar al paciente una vida más larga y normal.